martes, 10 de marzo de 2015

¿Cumplir las normas? (O jugamos todos a lo mismo,o rompemos la baraja)

Hace unos años, en los albores de la democracia, sonaba con fuerza una canción, del grupo andaluz Jarcha, donde algunos de sus versos decía:
Dicen los viejos que en este país hubo una guerra, y hay dos Españas que guardan aun, el rencor de viejas deudas.
Dicen los viejos que este país necesita, palo largo y mano dura para evitar lo peor…
Dicen los viejos que hacemos lo que nos da la gana. Y no es posible que así pueda haber gobierno que gobierne nada.
Dicen los viejos que no se nos dé rienda suelta, que todos aquí llevamos la violencia a flor de piel…
Es evidente que ante esta argumentación y dado el momento-me refiero a aquel momento-las conclusiones eran tiernas, esperanzadoras y hasta idílicas diría yo. Pero todos estábamos dispuestos por aquel entonces a creernos lo increíble y como se suele decir a comulgar con ruedas de molino.
Y esas letras sobre lo que decían los viejos del país nos olían como mínimo a cuerno quemado, sin detenernos a considerar en ningún momento el saber, o el legendario  conocimiento, de los viejos de este país.
Y todo esto me lleva a pensar que este país no solo no ha aprendido nada en estos 40 años de democracia, sino que ha olvidado lo mucho o lo poco bueno,-Eso lo dejo a gusto del consumidor-que había aprendido en los 40 años de dictadura.
Todo esto elucubraba ayer mientras esperaba en un paso de cebra, con semáforo incluido, que cambiase el citado a verde, para poder cruzar la calle con un mínimo de garantías físicas. Y en ese punto veía: ancianos, algunos con dificultades al andar, mujeres empujando el carrito del niño o el de la compra, adolescentes con cara de despiste, indolencia o ennortamiento, hombres de mediana edad con el móvil pegado a su oreja en plena charla y en fin, todo un ejército de lo más variopinto que cruzaba el semáforo en rojo con el mayor descaro hasta el punto que yo a la sombra del semáforo me estaba sintiendo imbécil por cumplir la norma.
Esto es desgraciadamente y multiplicada por 100, lo que vemos día a día en este país. Una sociedad democrática o no, de izquierdas o de derechas, blanca o negra, grande o pequeña…debe aceptar y cumplir unas mínimas normas de convivencia.
Aquí las gente en general se salta los semáforos en rojo, como conductor y como peaton.Escupe y tira basura en las aceras, permite a sus mascotas hacer sus necesidades en la calles sin recogerlas como esta mandado. Tira al contenedor la basura antes de la hora permitida. Cuántas veces hemos visto abrir la puerta de un turismo y dejar junto a la acera una bosa de basura. O abrir la ventana en un semáforo y vaciar el cenicero repleto de colillas. Y qué decir de los insultos en los campos de deportes. He visto insultar hasta a niños de corta edad en partidos de futbol. Poner la TV o la música a un volumen para sordos sin respetar el descanso del vecino. Correr en coches, motos o bicis en ciudad a velocidad de pánico. Y lo que es peor todas estas cosas se hacen con la máxima naturalidad, como si eso fuera la norma, y nadie protesta ni dice lo mas mínimo a no ser que sienta el peligro en sus propias carnes.
Y para más inri le estamos enseñando estas actuaciones y comportamiento a nuestros hijos y a los miles de extranjeros que se aplican el dicho de: “A donde fueres, haz lo que vieres.”
Estamos dinamitando el patio, creando una sociedad que ha pasado de represiva a totalmente permisiva. Y el mayor despropósito de este país de locos, es que no solamente no inculcamos este civismo en las familias sino que hemos privado a la escuela de enseñar estas normas y valores. Y ahora nos asaetean con la propaganda del reciclaje. ¡Hipócritas a go go!
Y esto no es cuestión de “clases sociales”, ni mucho menos. Cuando en Semana Santa mi hermandad regresa a su parroquia después de haber hecho la carrera oficial a la Catedral, casualmente vuelve a pasar por Campana, y lo que vemos allí, tira de espaldas. Miles de kilos de basura que quedan al retirar las sillas y sus alrededores. Y para qué hablar de la Feria.
Esto es incivismo puro y duro. Y para colmo hablando con uno me decía: “Eso está bien, porque, si no tiramos basura, ¿Cómo van a conservar su puesto de trabajo los barrenderos de la empresa municipal?
Que sería equivalente  y extrapolable en el caso de los gorrillas a: “Si no están ahí, estarían en los semáforos pegando tirones de bolsos”.
O en los campos de futbol:”Si no insultan a los árbitros, lo harían a sus mujeres en sus casas”…
En fin, con estos planteamientos como se suele decir, ¡apaga y vámonos!
Sevilla Marzo 2015

The ghost

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